TEXTO PROGRAMA
Textos varios 1ra. parte.
Historias que nos han contado.
TEXTO DE MI LLEGADA...
Así llegó la oscuridad, invitándolos a dormir, y a soñar, sin pensar que estábamos dentro de las enormes salas del Hotel de Inmigrantes, con discusiones en idiomas desconocidos, con camas tan altas que se hacían casi inalcanzables, con el rumor del río que atravesaba los ventanales y las sirenas roncas de algún barco lejano.
Cuando nos tocó salir, recuerdo que Papá me abrigó amorosamente con una manta de viaje, cargó las valijas en un carrito y nos subimos a un colectivo repleto de gente, creo que nos llevó hasta la estación de trenes de Retiro. Recuerdo que al ver ese frenético movimiento de personas, equipajes y vehículos, sentí temor, me aferré a su saco y no lo solté hasta que nos subimos a un auto muy grande que compartimos con otra familia.
La ciudad era gris y debo confesar que al comienzo de aquel primer tramo percibí, dentro de mi corazón, una cierta desilusión. Como una angustia inesperada. Creo que mi Padre se dio cuenta…sin decir nada, me acarició con ternura, me dio un beso y como si fuese un bálsamo reparador, logró transmitirme su innata serenidad.
Aunque apenas podía ver por la ventanilla, poco a poco advertí que el panorama iba cambiando. Descubrí algunos árboles, anchas avenidas, casas, iglesias y grandes edificios. Aquellas imágenes las tengo muy vivas y presentes, porque gracias a su belleza, a sus contrastes, a los chicos que veía por la calle, recuperé la curiosidad, la sorpresa y la sonrisa. Recuerdo que paramos a mitad de camino, (ahora se que se trataba del barrio de Belgrano), allí bajaron los Scarella, buena gente, muy buena gente!. Nos saludamos y prometimos volvernos a encontrar más adelante, algo que, por fortuna, viene ocurriendo desde aquel día.
Seguimos con el auto hacia el norte y lo que más recuerdo de ese tramo, es que en las calles ya no había edificios, sólo casas bajas, algunas muy grandes y decoradas, con jardines en el frente, galerías y pórticos. En cuestión de minutos, la gran ciudad había desaparecido y me parecía un milagro ver las quintas, las chacras, las calles de tierra y aquel manto verde tan próximo a mis manos. Fue mágico, porque por unos instantes, cerré los ojos y soñé que había regresado a mi Italia, a aquel lejano país donde definitivamente, quedó mi Madre.